MÁLAGA 2019: una oportunidad para el cambio de la Málaga que queremos

  • Las próximas elecciones municipales de 2019 suponen una oportunidad histórica para producir un cambio político en la ciudad, poner las instituciones al servicio de la mayoría y con ello construir una ciudad más justa, democrática y andaluza.

Somos conscientes que, para conseguir ese objetivo, en el que Podemos Cambiar Málagaestá llamado a jugar un papel protagonista, tenemos que emprender un camino para el que necesitaremos inteligencia, unidad, determinación y un intenso trabajo colectivo. Del mismo modo, la magnitud del desafío ha exigido por nuestra parte la capacidad de liderar un proceso de articulación y cooperación con otras fuerzas del cambio activas en nuestra ciudad de una manera inclusiva, transversal y capaz de generar un proyecto ilusionante que se convierta en vector político de cambio de nuestra ciudad. 

Este camino, deberá respetar y ser coherente con los debates, orientaciones y acuerdos propuestos por otros órganos de nuestra coalición. Consideramos importante empezar a dar los primeros pasos en nuestra ciudad poniendo en marcha una hoja de ruta y una dinámica de trabajo, diseñada por los componentes dePodemos Cambiar Málaga, que permita sentar las bases para el dialogo con otras fuerzas políticas y sociales y avanzar desde ya en el trabajo de análisis y elaboración de propuestas vinculadas al modelo de ciudad por el que apostamos. 

Málaga necesita un cambio: por una ciudad más justa y democrática ante el agotamiento de la gestión neoliberal. 

Elmodelo de desarrollo que ha seguido Málaga en las ultimas décadas, se ha caracterizado por una planificación publica errática y una matriz productiva sostenida fundamentalmente en el turismo, la construcción y un sector servicios de baja calidad. A estos rasgos principales hay que sumarle las características de un estado del bienestar tardío a nivel local y subdesarrollado, con una red de protección social, equipamientos y servicios públicos que tras una tímida expansión se contrajeron rápidamente, siguiendo el recetario neoliberal de austeridad, contención del gasto publico y privatización. 

Pese a que todos los think-tanksexistentes en la ciudad y la provincia (OMAU, Fundación CIEDES, Fundación MADECA) y numerosos expertos han alertado sobre la urgencia de dotarse de planes estratégicos coherentes y poner en marcha un proceso de especialización y diversificación productiva, lo cierto es que todos los planes, informes y recomendaciones no han sido tenidos en cuenta y los gobiernos municipales han continuado la senda de la improvisación y la ausencia de una hoja de ruta clara sobre el desarrollo económico, urbanístico, cultural, andaluz y social de la ciudad. 

Ladependencia estructural del modelo productivo local en torno al turismo, y los distintos ciclos expansivos de la construcción, ha provocado un profundo deterioro medioambiental y la consolidación de un mercado de trabajo marcado por la temporalidad, los bajos salarios y una alta tasa de desempleo ya endémico. En la ultima década el turismo ha crecido de forma exponencial en la ciudad de Málaga y se ha convertido en el principal motor de su economía. 

Pese a este gran crecimiento y dinamismo del turismo en la ciudad, el sector se ha mostrado por el momento incapaz de amortiguar las altísimas tasas de paro de la ciudad y la ausencia de una regulación y planificación publica está produciendo grandes externalidades negativas y efectos sobre los que urge implantar medidas correctoras: carencia de servicios e infraestructuras, saturación y sobreexplotación del Centro Histórico, excesiva concentración de beneficios y bajo retorno para la ciudad y sus habitantes, problemas de escasez de oferta y aumento de los precios del alquiler producto del auge de los apartamentos turísticos y la mala calidad del empleo y los salarios del sector. Sirvan como ejemplos los 2€ por habitación que cobran las limpiadoras de hoteles (conocidas como las Kelly), los 20€ por jornada y en negro que cobran muchos camareros de los chiringuitos y otros.

Las ultimas dos décadas de gobierno municipal del Partido Popular, no han hecho más que intensificar esta tendencia, promoviendo la especulación urbanística, la devastación medioambiental y patrimonial, recortando presupuestos sociales, secuestrando la identidad andaluza de Málaga, privatizando las empresas y servicios públicos, consolidando la desigualdad entre distritos y barrios de la ciudad, etcétera. Tras la propaganda oficial se esconde una ciudad marcada por la precarización y la desigualdad. Durante demasiado tiempo el gobierno municipal ha estado en manos de malos gestores y políticos más interesados en promover negocios privados desde lo publico que en garantizar una vida digna a los malagueños y malagueñas.

La actual gestión neoliberal –encarnada por el Partido Popular y sus socios de Ciudadanos – sitúa a lo publico como un mero agente facilitador y promotor de inversiones y oportunidades de negocio para el sector privado, incapaz de solucionar el paro y la precariedad en el empleo. Abandonar el liderazgo del Ayuntamiento en el diseño de la ciudad, guardando buenos planes estratégicos en cajones y situándolos como simples ‘recomendaciones’, se ha traducido en una gestión errática e improvisada, dinamizada en base a proyectos privados inconexos y siempre a expensas, cual película de Berlanga, de la llegada de cualquier tipo de inversión, aunque en ello se malgasten ingentes cantidades de dinero publico o se pongan en juego nuestro ecosistema, el patrimonio de los malagueños o servicios básicos para la ciudadanía. 

El Museo de las Gemas, el Arraijanal, la manzana del Astoria, la gestión de Limasa o la reciente propuesta del Hotel-Rascacielos en el puerto son tan solo una muestra de la larga lista de proyectos-chapuza que señalan a unos gobernantes muy orientados solo al negocio de unos pocos, y sin una estrategia clara para Málaga. Este modelo improvisado ha cosechado ya demasiados fracasos: destinar suelo, instalaciones, contratos e ingentes cantidades de dinero publico – endeudando al Ayuntamiento si es preciso – para fomentar el negocio privado sin tan siquiera una mínima evaluación o regulación sobre su viabilidad, por no hablar de los retornos o beneficios para la ciudad y sus habitantes. 

Lo sensato en una sociedad democrática, es que las inversiones privadas y la iniciativa empresarial, se inserten y regulen en el marco de un plan estratégico elaborado por las instituciones publicas capaz de subordinarlas al interés general. En el caso de Málaga sucede justo lo contrario, el interés general y lo publico quedan subordinados a la iniciativa privada y es esta la que va diseñando, a golpe de proyecto y buscando su propio beneficio, el modelo de ciudad. 

Como si esto fuera poco, la problemática sucesión del actual alcalde, y la precaria mayoría con la que cuenta el PP gracias a su acuerdo con Ciudadanos, ha contribuido a empantanar la gestión de un equipo de gobierno que se muestra incapaz de tomar decisiones y resolver los numerosos problemas de la ciudad. 

Protección integral a los más desprotegidos

Por su parte, el desarrollo de los servicios públicos, el sistema de protección social y los equipamientos en la ciudad es a todas luces insuficiente. Allí donde se analice con cierto detenimiento se verá que la presencia de lo publico está signada por la escasez: de colegios y docentes, de camas y personal sanitario, de ayudas y trabajadoras sociales, de equipamientos culturales y becas universitarias, de zonas verdes, etcétera. 

Un reciente estudio de la Red Andaluza contra la Pobreza denunciaba que un 43% de la población malagueña se encuentra en riesgo de pobreza, exclusión social y según el Observatorio para la Inclusión Social, dependiente del Ayuntamiento, entre 25 y 34.000 niños/as de la ciudad se encuentran en riesgo de pobreza. La situación, pese a la supuesta recuperación económica, está lejos de mejorar. 

Vinculado a la precariedad, pobreza y disparidades en cuanto a renta y calidad de vida resulta imprescindible mencionar otro problema estructural de la ciudad y que alimenta una extendida sensación de malestar y privación relativa entre los habitantes de la ciudad: la desigualdad territorial y el abandono institucional que sufren muchos barrios y distritos de la ciudad. Dicha desigualdad, si bien tiene raíces históricas, tiene un punto de inflexión entre los anos 60 y 80 del pasado siglo cuando, atraídos por el auge del turismo y la construcción, se produce una gran afluencia de inmigrantes de las zonas rurales y la población de Málaga aumenta en 200.000 personas. Es en estos años, en los que se crean con enormes problemas de servicios y equipamientos, buena parte de las barriadas populares de las zonas más pobladas de Carretera de Cádiz, Cruz de Humilladero y Bailén-Miraflores entre otras. 

Este crecimiento urbano caótico y desbordado estuvo guiado por la voracidad de sectores vinculados a la construcción (con la permisividad con la complicidad de los gobernantes), antes que por la planificación publica y racional, lo que originó numerosos problemas y conflictos – desde el sistema de transportes hasta los suministros y equipamientos básicos-que dejaran huella en la ciudad hasta el día de hoy. 

Ladesigualdad entre distintos barrios de la ciudad se ha incrementado en las ultimas décadas y hoy, según el estudio Urban Audit del INE, los ingresos medios de los habitantes de las zonas ricas triplican a los de las zonas más pobres. Los datos de las familias atendidas en situación de pobreza van del 25% en Palma-Palmilla y el 21% en Bailén-Miraflores al 6,5% de Málaga Este. 

El actual gobierno municipal ha gastado dinero en proyectos esperpénticos como ‘Málaga Valley’ mientras vecinos denuncian ratas en sus calles y equipamientos infantiles rotos; presume de ser la ciudad de los museos mientras recorta un 14% el presupuesto de cultura y nuestros creadores buscan futuro en otras ciudades; dice ‘primero las personas’ mientras reduce las ayudas contra la violencia de genero y recorta en servicios esenciales como los bomberos; aumenta partidas de propaganda y protocolo mientras varios distritos siguen sin autobuses nocturnos y los Servicios Sociales llevan más de 10 anos sin convocar una plaza de Trabajador Social. 

Resulta llamativo a su vez que el Partido Popular y Ciudadanos, grandes partidarios de la austeridad y la racionalización de la administración local, sean los responsables de un diseño organizativo e institucional tan disfuncional e ineficiente como el que tenemos en Málaga. Esta estructura incoherente de empresas y organismos autónomos, de dudosa eficiencia y confusas competencias, solo se explica si se la relaciona con tres practicas que son señas de identidad del modo de gobernar del Partido Popular.

En primer lugar, el uso de la arquitectura organizativa municipal para multiplicar partidas presupuestarias que permitan contar con una amplia relación de puestos directivos y de confianza bien remunerados, así́ como sostener redes clientelares mediante la distribución discrecional de partidas y programas. 

En segundo lugar, la multiplicación de organismos y programas permite un uso especulativo del diseño de los presupuestos, asignando partidas a organismos y programas que no se ejecutan y que permiten, mediante el recurso de la modificación de crédito, hacer reasignaciones y movimientos de recursos en función de intereses de distinto tipo, incluidos los electoralistas. 

Por fin, el uso de las áreas, servicios, empresas y organismos municipales como plataformas de promoción del negocio privado, ya sea mediante la formula inversión publica- gestión y beneficios privados o mediante los procesos, cada vez más intensos, de privatización y externalización de servicios y funciones propias de la administración local hacia distintas empresas privadas.

Un caso ejemplar es Limasa, cuya gestión mayoritaria recae en unas empresas privadas (encabezadas por FCC) interesadas siempre antes por su propio beneficio que, por el interés general, lo que se ha traducido en desinversión, constantes conflictos laborales y un servicio de limpieza y recogida de residuos ineficiente y excesivamente caro que es percibido por la ciudadanía como el principal problema de Málaga. 

La aplicación de lógicas gerenciales propias del sector privado en la administración local, tan característica del Partido Popular y Ciudadanos, suele traducirse en un retroceso de la calidad y la correcta evaluación de los servicios. Otro efecto directo es la disminución del volumen de trabajadores públicos y una progresiva pérdida de competencias de los funcionarios y técnicos municipales, quienes son relegados, pese a contar con una amplia cualificación y experiencia, del diseño y ejecución de las políticas publicas. 

Al analizar de forma detenida los presupuestos municipales se pueden encontrar innumerables ejemplos de una externalización injustificada de funciones y trabajos que podrían y deberían ser cubiertos y desarrollados de forma más económica, transparente y eficiente por empresas, técnicos o funcionarios municipales. Se trata de una tendencia que se ha desarrollado de forma abusiva y sin los controles precisos, haciendo un uso negligente de los recursos municipales, gastando un volumen ingente de dinero publico e infrautilizando la cualificación, experiencia y competencias de los trabajadores municipales. 

En otro orden de cosas, como ocurre con el diseño de las partidas presupuestarias y la previsión de gastos, resulta pertinente analizar el uso y la orientación de una determinada política fiscal municipal para deducir de ella un modelo de ciudad. La política fiscal promovida por el Partido Popular y sostenida por Ciudadanos en el Ayuntamiento, reflejada en estos presupuestos, tiene dos rasgos principales: es injusta e ineficiente. 

Es injusta porque Málaga tiene la distribución de la presión fiscal municipal más regresiva de las grandes ciudades españolas, lo que contribuye a una profundización de las desigualdades sociales. El Ayuntamiento de Málaga grava, proporcionalmente, más que ninguna otra ciudad, por el consumo de servicios básicos, los que ha de consumir obligatoriamente toda la gente para subsistir. En 2016, de cada 100 euros que pagamos en nuestra ciudad, 58 son en función de la capacidad económica y 42 del uso que hacemos de los servicios y patrimonio municipales. En Zaragoza es 64/36, en Valladolid 70, /30, en Barcelona 70/30, en Murcia 73/27, en Alicante 76/24 y en Madrid 80/20. 

Pero incluso en la parte que grava el “uso o aprovechamiento” de la ciudad (42 euros de cada 100), también en Málaga pagan proporcionalmente más quienes menos tienen: 

  • La presión fiscal derivada del “uso” de servicios públicos municipales (agua, transporte, saneamiento, etc.) que suponen un porcentaje muy elevado en las economías familiares con menor renta, es muy superior al resto de ciudades de mayor población, y su peso sobre los ingresos corrientes es un 18% más que la media de municipios españoles. 
  • Los ingresos por tasas relativos al “uso privativo” (entrada de vehículos, terrazas, cajeros automáticos, empresas de telefonía y suministro de energía, etc.) en Málaga suponen un 9% frente al 23% en las grandes ciudades. 
  • Los ingresos por precios públicos (fundamentalmente EMT) en Málaga suponen el 23% frente al 7.5 % en las grandes ciudades. 

Es ineficiente porque el mal uso de las ordenanzas fiscales supone que el Ayuntamiento deje de ingresar una importante cantidad de recursos que permitirían aumentar el presupuesto municipal y con ello mejorar la prestación de servicios y desarrollar políticas publicas que mejoren la vida de la ciudadanía. 

Por motivos ideológicos (tanto PP como Ciudadanos promueven la doctrina neoliberal contraria a los impuestos directos), junto a la mala gestión y falta de análisis rigurosos, lo cierto es que los instrumentos fiscales utilizados no se adaptan a la dinámica socioeconómica local, dejando importantes zonas de penumbra en las que operan actores y flujos comerciales que generan importantes rendimientos sin que sean gravados de forma adecuada. 

En definitiva, la ciudad que hoy conocemos está marcada por la ausencia de planificación y un desarrollo caótico y desigual, un modelo productivo errático y precario y un despliegue tardío y subdesarrollado de los servicios públicos y la red de protección social que caracteriza al llamado Estado del Bienestar. Estos procesos interrelacionados tienen en común una pésima gestión por parte de los gobiernos municipales de las ultimas décadas y unas políticas publicas de marcado carácter neoliberal que se han guiado por intereses privados antes que por el interés general. 

En nuestras manos está revertir esta situación y construir una ciudad más justa y democrática, articulando una alternativa de gobierno de cara a las próximas elecciones municipales que nos permita poner las instituciones al servicio de la ciudadanía, desde unas propuestas 100×100 malagueñas, 100×100 andaluzas, porque solo desde la recuperación de la memoria de quienes somos, podremos recuperar la ciudad, y proyectarla al futuro.

Podemos Cambiar Málaga